Escuchando: Me quedo aq
uí de Chambao.
Era un día normal. Preparé mi desayuno, paseé con mi perro Toby, comí viendo mi serie favorita, cené con vino y velas y charlé con una amiga por teléfono. En ese momento, me dispuse a tomarme un baño relajante antes de acostarme…pero ¿qué pasó?. Vi esa cuchilla frente a mi, desafiándome con su brillo…y no me lo pensé más de dos veces al cortarme…
¿Sabíais que cuando se está muerto ya no se siente? No sientes frío. Ni calor. Ni dolor. Y a partir de ese momento ya todo es así. No hay olores. No hay texturas. No escuchas nada… en ese momento es cuando escuchas por primera vez el silencio total…sepulcral.
Pero eso no quiere decir que no recuerdes. Y basándote en esos recuerdos, puedes lograr descifrar grandes enigmas. Conceptos abstractos que se escapan a la mente cotidiana de cualquier ser humana. Hablamos de Felicidad, pero, ¿podríamos describirla?. Hablamos de Maldad, Crueldad, Bien, Mal, Belleza… sólo podremos describir eso con nuestros recuerdos.
Recuerdo todo a la perfección, incluso cosas que creía olvidadas… La inocencia en la mirada de mi hermana pequeña, la dureza de las palabras de mi madre, la ternura de las caricias de mi abuela, la felicidad de mis amigas, la tristeza ante una traición, la belleza de una ciudad maravillosa…
Y cuando ya estás muerto, te das cuenta de que… a lo mejor quisiste prestar más atención a alguna persona. O quizás, te percatas a través de esos recuerdos que las cosas no son ni buenas ni malas, que lo bueno tiene defectos, y que lo malo también aporta cosas buenas…esto sobre todo es muy aplicable a las personas…
Se pueden sacar tantas conclusiones de los recuerdos, que el aprendizaje no termina ni aún cuando estas muerto. Y lo digo por experiencia. Ya hace casi 10 años que me suicidé y a través de mis recuerdos ya sé lo que es la Felicidad, la Crueldad…¿Un acto egoísta el mío? Juzguen ustedes mismos cuando me conozcan…
Perdonen si no me levanto…






